miércoles, 17 de octubre de 2012

1084


1084


Hablar de las eternas cuestiones de la vida sin repetirse no es tarea fácil, pero Haruki Murakami lo consigue  en 1Q84. Sus personajes, son  seres solitarios en la gran ciudad que se preguntan sobre la vida, el amor o la muerte,  en esta extensa novela de corte fantástico.
Murakami tiene la capacidad de transformar en real lo más disparatado, de ahí sus muchos seguidores, a base de detallarnos minuciosamente los acontecimientos que relata. En 1Q84 crea, como él sólo sabe hacerlo, un mundo mágico donde todo es posible, y sus historias y personajes parecen siempre creíbles gracias a una pulida técnica realista. Así, nos imaginamos a la moderna ciudad de Tokio por donde desfilan curiosos o reconocidos personajes ricos en matices y contradicciones. Pero nada resultada nunca impostado ni acartonados porque la pregunta que siempre sobrevuela en todas sus páginas es el límite entre la realidad y la ficción, y por ende, qué es la verdad  o qué el sueño; esto convierte a sus narraciones a la fuerza en fantásticas pero sabiendo que nos habla sobre lo más profundo del ser humano.
En este mundo de dos lunas  que es 1Q84, nada parece lo que es, no hay espacio ni tiempo seguro,  incluso las percepciones de la realidad que tienen sus protagonistas son  puestas en duda. En este universo caótico y extraño donde reina la soledad, sólo hay una autopista subterránea de salida: el amor. Sólo este sentimiento, solidario y capaz de todo, nos puede devolver nuestra propia imagen y situarnos en el mundo verdadero.
Los protagonistas anhelan encontrarse sin buscarse, confiados en que el destino los unirá un día. Esta idea romántica acerca de la vida y del amor es quizás lo que atrapa y embauca de Murakami, lo que hace que sus historias tengan ese aire desgarrado como “Tokio Blues” o un  lado mágico, como en el " El pájaro que da cuerda al mundo"
En 19Q4 hay quizás demasiado detallismo, la descripción es tan profusa que ralentiza la lectura y convierte a esta fábula en una novela de 730 páginas, pudiendo quizás ser muchas menos. Sin embargo, contrarresta este exceso el uso de un lenguaje natural y ameno. Como buen maestro de la intriga que es, te atrapa hasta la última página con una parábola de nuestra sociedad actual.